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lunes, 6 de enero de 2014

El Museo Nacional de Escultura, en el Colegio San Gregorio de Valladolid

El Colegio de San Gregorio fue fundado por el dominico fray Alonso de Burgos, obispo de Córdoba, Cuenca y Palencia y confesor de los Reyes Católicos, a fines del siglo XV como centro de estudios teológicos de la Orden dominica en un momento de profundas reformas políticas y espirituales en toda Europa. (Puede consultarse este enlace de El Colegio de San Gregorio de Valladolid, con la historia y las distintas partes del edificio)

Patio Grande del Colegio San Gregorio, sede del Museo Nacional de Escultura de Valladolid

A partir de 1933 y tras un proceso de restauración y limpieza a cargo del arquitecto Emilio Moya, con la colaboración de Constantino Candeira y la intervención de Sánchez Cantón, el monumento se convirtió en sede del recién creado Museo Nacional de Escultura, con origen en el Museo Provincial de Valladolid, que desde 1842 había estado en el Colegio de Santa Cruz.


Sala del museo instalado en el Colegio de Santa Cruz (1)

Pero desde el principio las instalaciones sufrieron carencias que se fueron agravando con el crecimiento de la colección, la incorporación de obras de gran formato y nuevas necesidades museísticas, y a pesar de las abundantes intervenciones buscando solucionarlas, hubo que esperar a un plan de renovación integral firmado en 1990 y que culminó en 2011, cuando también se incorporaron los fondos del Museo Nacional de Reproducciones Artísticas, con antigua sede en el actual Museo del Traje en la Ciudad Universitaria de Madrid y se recuperó la denominación de “Museo Nacional de Escultura”, que tres años antes había sido sustituida por la de “Museo Nacional Colegio San Gregorio”.

Sala 3 del museo antes de su última rehabilitación (1)

La rehabilitación completa del conjunto ha triplicado el espacio museístico al añadir el frontero Palacio Villena, destinado a espacios de servicio del museo y exposiciones temporales, la Casa del Sol y la iglesia de San Benito el Viejo, donde pueden visitarse las reproducciones mencionadas.

Esquema con las tres sedes del museo (2)

La rehabilitación del Colegio en sí se inició en 2002 de la mano de los arquitectos Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano, que buscaron adecuar las infraestructuras a las modernas directrices de la museología cuidando materiales incorporados, iluminación, sistemas de aclimatación, control ambiental, seguridad… quedando terminada en 2006.

El núcleo inicial de la colección estuvo formado por obras que fueron recogidas tras las desamortizaciones del siglo XIX, a las que en 1933, cuando cambió su sede a San Gregorio y adquirió estatuto jurídico de Museo Nacional, se incorporaron otras procedentes del Museo del Prado. A partir de esa fecha se ha ido incrementando con nuevas adquisiciones que han buscado completar el discurso expositivo, sin que todavía se considere una colección cerrada.

Se caracteriza por su temática religiosa, por ser obras entre los siglos XIII y XIX aunque destacando las pertenecientes a la Edad Moderna y del ámbito de la Corona Hispánica, por la preeminencia de la escultura, pero sobre todo de talla en madera policromada, y  por la pluralidad de tipologías y formatos, con escultura exenta, retablos, sillerías, sepulcros, relieves…

Portada

Tras atravesar la portada nos encontramos con el Patio de los Estudios, que en origen alojaba las aulas de Física y de Metafísica, esta última arruinada en el siglo XX.

Patio de los Estudios

Y desde ese patio se accede, por la izquierda, a otro patio originado al desaparecer el aula de Metafísica, en el que se ha construido un pabellón de acogida del visitante del museo, con las taquillas, los aseos, el guardarropa... y que también tiene el acceso a la capilla de fray Alonso, una capilla funeraria de la vecina iglesia de San Pablo que también adoptó las funciones de capilla del colegio y que ahora está inserta en el recorrido museográfico.

Recepción del visitante del museo (2)

Sección del edificio en la actualidad, apreciándose el nuevo pabellón de acogida del visitante,
con desarrollo bajo cota, a la derecha (2)

En la capilla funeraria de fray Alonso de Burgos se exponen obras que buscan evocar la magnificencia original.

El retablo, de Alonso Berruguete, procede de la iglesia del convento de La Mejorada de Olmedo, la primera obra documentada del escultor en España (ha. 1523-1526), tras su periodo en Italia. Cuenta con nueve escenas con la Vida de la Virgen y de Cristo.

Retablo procedente del monasterio de Nuestra Señora de la Mejorada de Olmedo
y los Orantes de los duques de Lerma en el ábside de la capilla

El sepulcro del obispo don Diego de Avellaneda (1536-1542) de Felipe Vigarny procede del monasterio de San Juan Bautista y Santa Catalina de Espeja, en Soria.

Sepulcro de don Diego de Avellaneda de Felipe Vigarny,
adosado al muro del Evangelio de la
capilla de San Gregorio

En cuanto a las esculturas orantes (1601-1608) de don Francisco de Sandoval y Rojas y doña Catalina de la Cerda, duques de Lerma, de Pompeo Leoni y Juan de Arfe, estaban en el ábside de la vecina iglesia de San Pablo.

Estatuas orantes de don Francisco de Sandoval y Rojas y doña Catalina de la Cerda

De nuevo en el Patio de los Estudios, hacia la derecha, se entra en la tienda del museo y se inicia el recorrido por las salas, ubicadas en torno al Patio Grande.

Patio Grande

En el edificio histórico se ha optado por una rehabilitación conservadora en la que predominan el hormigón blanco, la piedra caliza clara, un revoco muy neutro y mucha madera y en la que se ha buscado esconder los elementos que desvirtuarían la estructura para organizar las salas de exposición en torno al Patio Grande. También se han respetado la serie de valiosas techumbres y artesonados que contenía, aunque la mayoría ya no eran originarios del edificio sino incorporados de otros en intervenciones realizadas en el siglo XX, y que hoy conforman una de las colecciones más destacadas del museo.

La rehabilitación también ha aprovechado el llamado Edificio de las Azoteas, una construcción añadida al colegio en el siglo XVI que en 1824 se derrumbó casi en su totalidad, conservándose en la actualidad sólo la fachada sur. En este caso, la última rehabilitación ha podido actuar con mayor libertad que en el resto y crear una estructura de muros y losas de hormigón blanco visto para organizar nuevos espacios expositivos con una escala y proporción que han ampliado las posibilidades museográficas para incorporar piezas de mayor tamaño.

Edificio de las Azoteas tras su rehabilitación (2)

Zona de paso en el Edificio de las Azoteas en el que la cristalera se ha convertido
en homenaje a los artistas presentes en las colecciones del museo

El itinerario en el resto de las salas sigue un orden cronológico. Aunque el recorrido de la visita parece estudiado, el respeto a la estructura original del edificio y la discreción de la señalética adoptada hacen que a veces no se tenga claro qué sala es la siguiente, siendo forzosamente necesario consultar el plano que entregan en taquilla.

Planta baja del museo

Las Salas 1 y 2 están dedicadas a los siglos XIV, XV y comienzos del XVI, un auténtico hervidero de ideas en Castilla, con un fuerte arraigo del gótico final pero donde también están llegando el realismo flamenco y las ideas humanistas y el espacio geométrico italianos, anunciando el renacimiento y el inicio de la Edad Moderna. El arte abandona el trascendentalismo medieval por un lenguaje que busca explorar la realidad visible, contar historias y expresar sentimientos, todo enmarcado en espacios naturales, copiando paisajes y ciudades, enseres domésticos y la indumentaria de la época. Los artistas ya comienzan a ser conocidos por su nombre y hay trasiego de personas e ideas, con influencias de Flandes, Borgoña, Suabia o Bohemia.

Aspecto general de la Sala 1

Retablo de San Jerónimo (1465) de Jorge Inglés, procedente
del monasterio de Nuestra Señora de la Mejorada
de Olmedo

San Luis de Tolosa y San Atanasio (fines siglo XV) del Maestro de San Ildefonso

Retablo de la Vida de la Virgen (ha. 1515) obra anónima flamenca procedente
del desaparecido convento vallisoletano de San Francisco

La Muerte (1522) de Gil de Ronza,
procedente del convento de San
Francisco de Zamora

Distintas imágenes de devoción mariana de los siglos XIV y XV en la Sala 2

Las Salas 3 a 13 están dedicadas al Renacimiento. En las Salas 3, 4 y 5 se expone, desmontado, el impresionante retablo mayor de la iglesia del convento benedictino de San Benito el Real, realizado por Alonso Berruguete entre 1526 y 1532, un claro ejemplo de las influencias renacentistas y manieristas italianas en su desarrollo en la península.

Los episodios bíblicos y los personajes fueron cuidadosamente elegidos por fray Alonso de Toro, abad de San Benito, para componer un mensaje doctrinal exclusivamente dirigido a los monjes de la comunidad, los únicos que lo contemplaban de cerca, pues la feligresía sólo accedía a la parte de atrás de la iglesia, separada del ámbito de los monjes por una reja. La figura central es San Benito, rodeado de escenas de la Vida de la Virgen y de Cristo, milagros de santos benedictinos, patriarcas, apóstoles, profetas y sibilas, componiendo entre todos una imagen de la Jerusalén Celeste.

Reconstrucción virtual del retablo de San Benito (3)

Las distorsiones de las figuras no serían visibles in situ, colocadas en alturas y distancias suficientes.

Aspecto de la Sala 3, con fragmentos del retablo mayor de la iglesia
del convento benedictino de San Benito el Real

El Sacrificio de Abraham y el Martirio de San Sebastián, tallas del retablo de Santo Domingo

La tallas de la Virgen y San Juan Evangelista que estaban en el Calvario del retablo

Para continuar el recorrido hay que subir a la siguiente planta. En las Salas 6, 7 y 8, donde estaba la antigua biblioteca del colegio, que corría a lo largo de toda la fachada del colegio, se continúa con las obras renacentistas.

Plano de la primera planta

Escena del Retablo de la Pasión de Cristo (ha. 1530) de fray Rodrigo de Holanda,
procedente del monasterio de Nuestra Señora de la Mejorada de Olmedo

La pieza más espectacular de este ámbito es la sillería de coro del monasterio de San Benito, obra en nogal diseñada por el escultor Andrés de Nájera, con el que colaboraron Diego Siloe, Guillén de Holanda y, quizás, Alonso Berruguete. San Benito era cabeza de la Orden benedictina en la Corona de Castilla, donde se celebraban las reuniones de todos los abades, por lo que en 1525 se encargó una gran sillería que fue financiada por todos los monasterios pagando, cada uno, el sitial alto destinado a su abad y el bajo para su acompañante, y decidiendo también el personaje que querían que se representase, por regla general, el fundador o patrono del convento. El único sitial policromado, en el lado del Evangelio, era el reservado al abad de San Benito.

Sillería de coro del convento de San Benito de Valladolid

Adoración de los pastores (com. siglo XVI) de Pedro Machuca

Otra obra destacada del renacimiento es el Santo Entierro de Juan de Juni procedente del retablo de la capilla funeraria de fray Antonio de Guevara en el desaparecido convento de San Francisco, un conjunto de siete tallas de tamaño mayor al natural con un Cristo Yacente al que están retirando la corona de espinas, perfumando el cuerpo y limpiando las heridas antes de amortajarlo, como si se tratara de un episodio congelado de teatro sacro, adoptando posturas rebuscadas propias del manierismo e incluso interpelando al espectador, como la figura de José de Arimatea en el extremo izquierdo, que nos muestra la espina.

Entierro de Cristo (1541-1544) de Juan de Juni, procedente de la capilla de fray Antonio de Guevara del desaparecido convento de San Francisco de Valladolid

Ya en la crujía sureste, se continúa con las Salas 9 a 13, donde siguen exponiéndose obras del Renacimiento.

Destacan, también de Juan de Juni, un Calvario procedente del convento de San Francisco de Ciudad Rodrigo, un San Antonio de Padua o un busto relicario de Santa Ana.

Detalle del Calvario de Juan de Juni del convento de San Francisco de Ciudad Rodrigo

A continuación se exponen obras bajo el influjo de la Contrarreforma trentina, un arte más solemne y grave, de emociones contenidas, que busca claridad y realismo.

Llanto sobre Cristo muerto (fines siglo XVI) de Esteban Jordán del monasterio de
Nuestra Señora de Belén de Valladolid

Aspecto de la Sala 13, con una Anunciación (1596) de Gregorio Martínez, tabla central 
del retablo de la capilla funeraria del banquero italiano Fabio Nelli en la iglesia del convento 
de San Agustín de Valladolid y el Retablo de la Resurrección (ha. 1570) atribuido a 
Benedetto Rabuyate y Gaspar de Palencia, en depósito en el museo procedente del 
Oratorio del Tribunal de la Real Chancillería de Valladolid

Y llegamos al arte del Barroco, repartido por las Salas 14 a 20. En este periodo el arte se conforma, todavía más, como elemento esencial para la propaganda de la iglesia católica en defensa de la Contrarreforma, que es la que encarga las obras, impone los temas y dirige el pensamiento a través de la creencia en los milagros, el culto a las reliquias, las imágenes de éxtasis de los místicos contemporáneos, las visiones celestiales, los crueles martirios…

Aspecto de la Sala 14, que ocupa la ampliación realizada en lo que quedaba del
Edificio de las Azoteas, de ahí que presente mayor altura, dando
cabida a obras de gran formato

Los retablos relicario alcanzaron un gran auge desde mediados del siglo XVI como instrumento de afirmación del Catolicismo. Los dos que se exhiben en la Sala 14 proceden del convento de San Diego y fueron una donación del duque de Lerma, valido de Felipe III, durante el traslado de la corte a Valladolid entre 1601 y 1606, una forma de emular la grandeza de Felipe II, un gran coleccionista de reliquias.

Retablos-relicario de la Estigmatización de San Francisco y de la Anunciación
(1604-1606) del ensamblador Juan de Muniátegui y los pintores Bartolomé
Vicente Carducho, procedentes del convento de San Diego

En la Sala 14 también está una de las obras más conocidas del museo, el Paso de la Sexta Angustia de Gregorio Fernández, máximo exponente del patetismo barroco castellano, encargado por la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y que se completaba con las figuras de María Magdalena y San Juan, todavía en la iglesia.

Paso de la Sexta Angustia (1616) de Gregorio Fernández

Las tallas de la Magdalena y San Juan Evangelista que completan el paso,
todavía en la iglesia de las Angustias de Valladolid

Salas 15 a 18, que ocupan la crujía superior noroeste, además de tallas barrocas, también alojan impresionantes techumbres de madera, reubicadas aquí procedentes de otros edificios.

Techumbre de la Sala 15

Otra de las obras más patéticas de Gregorio Fernández es un Cristo yacente, iconografía de gran éxito, con otros catorce ejemplares más atribuidos al escultor, varios en Valladolid.

Cristo yacente (ha. 1625) de Gregorio Fernández, en depósito en el museo
procedente de la iglesia de la Casa Profesa de la Compañía
de Jesús de Madrid

Detalle del rostro del Cristo yacente. El realismo queda acentuado por la
utilización de dientes de marfil, ojos de cristal, pestañas de pelo…

En la Sala 16 se exhibe el interesante cuadro Alegoría de la Virgen de la Inmaculada de Juan de Roelas, procedente del monasterio de San Benito el Real de Valladolid, un documento esencial para entender el movimiento inmaculista de la Monarquía Hispánica, ardiente defensora del dogma de la concepción sin pecado original de la Virgen. Es un "lienzo parlante” en el que la parte de abajo, reservada al mundo terrenal, es un ejemplo de pintura social, con un abigarrado grupo de niños, colegiales cantando, clérigos, autoridades, hombres y mujeres entrando en la catedral de Sevilla, culminación de una procesión celebrada el 29 de junio de 1615 en defensa de la Inmaculada. En la parte de arriba, la celestial, aparece la Virgen rodeada de ángeles portando las letanías marianas, profetas, santos y padres de la Iglesia defensores de la idea de la Inmaculada Concepción. Mientras, ambas zonas están unidas mediante un árbol con el emblema de la Orden franciscana, gran defensora del dogma, con el escudo real y óvalos con los nombres de santos marianistas.

Alegoría de la Virgen Inmaculada (1616) de Juan de Roelas, procedente del monasterio de
San Benito el Real de Valladolid

Artesonado en una de las salas de barroco. Aunque en todas las cartelas del museo denominan 
“artesonado” a cualquiera de las techumbres de madera que exhiben, ésta es una de las pocas 
que, efectivamente, es un artesonado en sí, de influencia renacentista

San Juan Bautista adolescente (1634) de Alonso Cano, procedente del retablo mayor 
de San Juan de la Palma de Sevilla. Es una de las obras más originales de la escasa 
producción escultórica del artista, que también fue arquitecto y pintor, compañero 
de Velázquez como aprendices en el taller de Francisco Pacheco

Magdalena penitente (1664) de Pedro de Mena, procedente
de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús de Madrid
y en depósito del Museo Nacional del Prado

San Bruno en meditación (ha. 1630) de Carlo Bononi

En el siglo XVIII, con la llegada de los Borbones y las ideas de la Ilustración, se dejan de lado las obsesiones religiosas y el realismo fúnebre, imponiéndose una apertura hacia las artes y el pensamiento europeos que desemboca un importante cambio del gusto estético. Es la época de artistas como Pedro de Sierra, Francisco Salzillo, Villabrille, González Velázquez o Luis Salvador Carmona, con obras que muestran la pervivencia de modelos barrocos junto a la nueva sensualidad rococó, la fuerte influencia napolitana y el inicio del clasicismo.

Aunque el tema principal de las representaciones sigue siendo el religioso, son temas más sentimentales y familiares, carentes ya del patetismo barroco, con posturas elegantes, gestos de ternura y atención hacia lo anecdótico, con preferencia por formatos más pequeños y colores más suaves y alegres.

Aspecto de la Sala 20, con escultura tardobarroca

Magdalena en el desierto (segunda mitad del siglo XVIII) de Felipe de Espinabete. Un ejemplo 
de este cambio, y que sirve para compararla con la anterior de Pedro de Mena

San Miguel Arcángel (segunda mitad del siglo XVIII) de
Felipe de Espinabete

Sagrada Familia (com. siglo XVIII) de Juan Alonso Villabrille,
procedente del convento de Clérigos Menores de Valladolid

Finalmente, el recorrido termina con las Salas de los Pasos de Semana Santa, piezas que escenifican  los episodios de la Pasión, esenciales para comprender la religiosidad y la teatralidad barrocas, y que todavía procesionan.

La elevación de la Cruz de Francisco de Rincón

Camino del Calvario de Gregorio Fernández

Las colecciones del museo se completan con las reproducciones clásicas que se exponen en la iglesia de San Benito el Viejo, pero para verlas habrá que esperar a otra entrada en viajar con el arte.

Notas:

(2) NIETO, F. y SOBEJANO, E., “El Museo Nacional Colegio de San Gregorio (Valladolid)”. Museos.es: Revista de la Subdirección General de Museos Estatales, nº 4, 2008, pp. 56-63.

Fuentes:

AGAPITO Y REVILLA, J., La Iglesia del Convento de San Pablo y el Colegio de San Gregorio, Valladolid, 1911.
GARCÍA de WATTENBERG, E., Las obras de restauración y adaptación llevadas a cabo en el Colegio de San Gregorio hasta la instalación del Museo Nacional de Escultura en el edificio. Discurso de Recepción Pública como miembro de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid y contestación del académico Juan José Martín González, Valladolid, Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, 1985.
NIETO, F. y SOBEJANO, E., “El Museo Nacional Colegio de San Gregorio (Valladolid)”. Museos.es: Revista de la Subdirección General de Museos Estatales, nº 4, 2008, pp. 56-63.
VV.AA., Museo Nacional de Escultura. Guía del Museo, 2012.
http://seleccionarte.blogspot.com.es/2011/05/museo-nacional-colegio-de-san-gregorio.html

30 comentarios:

Calamidad dijo...

Como siempre, impresionante entrada, Sira. Este museo es para pasarte las horas muertas yendo de ay en ay. :-D

También merecen la pena muchas de sus expos temporales. Montaron una en colaboración con la National (creo recordar) sobre la imaginería española de ls Edad Moderna que fue una pasada.

Gracias por sacar a mi chica.;-) Muchos besos.

nacho san marcos dijo...

Impresionante reportaje Sira. No sé cuantas veces dibujé la Magdalena Penitente en mis años de estudiante, con su dramática sombra... Siempre me gustó pasar horas en el Museo de Escultura de Valladolid. La reforma de Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano es correcta como siempre en ellos, que no es poco.

Anónimo Castellano dijo...

Impresionante entrada Sira. Da gusto recorrer contigo estos monumentos por lo preciso de tus exposiciones.
Una duda, ¿está expuesto el maravilloso retrato doble de Rubens de filósofos que perteneció al duque de Lerma? Habré ido veces al museo de escultura y sólo le ví en la primera visita que realicé, antes de haberse realizado esta reordenación, y es una pena porque es un retrato doble precioso y poco conocido. La última vez que fui se me remitió a unas salas en el piso inferior del patio grande que estaban siendo adaptadas, pero que veo que a la fecha siguen sin estar abiertas........
Un saludo y felicidades de nuevo.

Consuelo Escribano Velasco dijo...

Profusión de preciosas imágenes. Enhorabuena.

debatz dijo...

Una vez más, leo una entrada llena de interés y admirablemente desarrollada. Ese museo es una de mis asignaturas pendientes -imperdonablemente pendientes-, que espero conocer muy pronto.

Un saludo y feliz año.

Sira Gadea Solascasas dijo...

Muchas gracias, querida Calamidad. Es un museo espectáculo puro. La penúltima vez que estuvimos en Valladolid nos dimos el gustazo de ir un día por la tarde y al siguiente por la mañana, sin prisas, disfrutándolo de verdad. Una auténtica maravilla. Lo de tu chica era incuestionable, tenía que salir sí o sí. En la entrada del edificio ya dejé su sombra en una de las fotografías, pero está claro que con eso no era suficiente. Un besazo, reguapa.

Sira Gadea Solascasas dijo...

Muchas gracias Nacho, es un museo en el que uno puede pasarse horas y horas, y si ya se sabe dibujar, ni me lo imagino. Yo lo suplo con mi cámara, aunque no sea lo mismo. La reforma de edificios históricos tan característicos y de los que se conserva gran parte de su estructura me parece muy complicada para un arquitecto. Además, supongo que si se "pasan" un poco y dejar huella de que ha habido una intervención contemporánea, pueden encontrarse con el rechazo mayúsculo de gran parte de los que toda la vida han convivido con el edificio, de los que quieren verlo "como siempre" y consideran auténticas aberraciones cualquier elemento que no sea "historicista". En fin...

Sira Gadea Solascasas dijo...

Hola, Anónimo Castellano. Que yo sepa, no está expuesto, aunque quizá se me pasó. Las salas de abajo que dicen que iban a acondicionar siguen cerradas y el Rubens no lo vi. De todos modos, yo echo en falta una "vuelta más" a la conformación del recorrido porque vas teniendo la sensación de que te dejas salas. A lo mejor, como te digo, se me pasó. Muchas gracias por tu comentario, me encanta encontrarte por aquí. Un saludo y nos "vemos" en "viajar..." o en "Anónimo..."

Sira Gadea Solascasas dijo...

¡¡Gracias, Consuelo!! Muchos besos te envío desde aquí. Además, tú tienes "la culpa" de la profusión, pues gracias a tu infinita hospitalidad, nos pudimos pasar tanto tiempo en el museo.

Sira Gadea Solascasas dijo...

Hola de nuevo, debatz. Seguro que te encantará el museo, con una exquisita colección y un edificio impresionante. Muchas gracias por tus palabras. Lo de admirablemente "desarrollada" me deja un poco pensando y me devuelve uno de mis cuitas respecto al blog, que es que siempre tengo la sensación de que las entradas son demasiado largas pero no encuentro forma de acortarlas. Me seguiré siempre quedando con esa duda corrosiva, qué le vamos a hacer.

debatz dijo...

Pues disculpa por la expresión, Sira, que no ha sido nada acertada. No me refería a la extensión, sino al modo de "explicar" el contenido, que además me parece muy bueno. A esas cuitas, que por cierto también me han invadido a mi en ocasiones, no las hagas caso. A mi entender, la extensión es la necesaria. Disculpa si me he expresado mal.
Un saludo

Sira Gadea Solascasas dijo...

No tienes absolutamente nada por lo que disculparte, debatz, ni mucho menos, he entendido lo que querías decir y ha sido halagador, pues desarrollar un discurso es complicado. Soy yo la que tengo que disculparme por hacerte pensar eso. Era simplemente una reflexión mía en voz alta, que siempre ando dándole vueltas al tema de la extensión (mira, ahora veo que no es sólo cuita mía) porque me salto, con creces, los consejos que en todas partes dan en cuanto a cuánto debería tener una entrada. Pero es que nunca me cuadra eso de "no más de 600 palabras", me resulta imposible. Un abrazo.

enrique dijo...

Este museo contiene más obras de arte de altísima calidad que muchos países enteros...
Recuerdo la escultura de la muerte, la vi en la exposición de Las Edades del Hombre en la catedral de Valladolid, allá por 1989 (después de Cristo).
La arquería del claustro es otro prodigio en sí mismo.
Me suelen dar repelús las intervenciones arquitectónicas en edificios históricos, pero esto daría para una discusión muy amplia y que no es del caso...

Sira Gadea Solascasas dijo...

Pues a mí las buenas discusiones me vuelven loca, enrique, así que... no te cortes. Éste sería un estupendo lugar, estoy segura.

Antonio Banus Pascual dijo...

Como siempre me dejas impresionado, primero por la calidad del trabajo y despues por su contenido. Empezamos bien este año. Enhorabuena

Sira Gadea Solascasas dijo...

Muchas gracias, Antonio.

MªAntonia Sassot Borruel dijo...

Como siempre querida Sira ¡Enhorabuena¿ un espectacular trabajo con el mimo habitual. Y ademas de hacerme pasar un rato super agradable con este trabajo acabo de decidor que en breves me voy con mi gente a verlo a la voz de ya.....Y eso si que quiero agradecer,la difusión tan grande que estas haciendo del rico patrimonio que se esconde en estas tierras castellanas, el cariño con que lo haces y el mimo que le dedicas. Yo estoy convencida de que más de una visita a estos lugares ha surgido despues de ver tus entradas....al igual que yo llevo unas cuantas...seguro que hay mas de una persona q se anima.
Pido permiso anticipado para utilizar tus fotos para las clases que creo algo tocara este curso.
De nuevo ¡ BUEN TRABAJO¡ Un abrazo grandote.

Sira Gadea Solascasas dijo...

Muchas gracias Mª Antonia. Ya sabes que no tienes que pedirme permiso alguno. Esta labor de divulgación es trabajo de todos y el tuyo es admirable de todas todas. Seguro que disfrutaréis mucho con la visita. Un beso muy fuerte.

Bonifacio Esteban dijo...

Sira, impresionante entrada para un Museo 10 que todo el mundo debería conocer. Todo en él es interesante.
Como dato curioso comentar que me impresionaron los caballeros de la portada principal, ya que reflejan las armaduras de los tiempos de la guerra de Granada.
Enhorabuena por esta entrada y por dar a conocer estas obras.

Sira Gadea Solascasas dijo...

Un dato interesante, Bonifacio Esteban. Muchas gracias por tus palabras. Y tienes toda la razón, es un gran museo.

enrique dijo...

Soy muy aficionado a la arquitectura de todas las épocas y también bastante crítico con la contemporánea, que suele dejar un rastro de atrocidades sin par, pagadas la mayoría de ellas con dinero público mal gestionado por políticos corruptos.
Un ejemplo de lo que digo sería la vivienda social que abunda en los desarrollos urbanísticos de las grandes ciudades. Yo he vivido en uno de esos edificios de diseño y habría que fusilar al amanecer al arquitecto, al político y hasta al registrador de la propiedad.
Respecto a la intervención en el edificio que nos ocupa, poco se puede ver y no parece que sea tan atroz, ciertamente.

Juan Carlos Merelo dijo...

Una maravilla Sira, siempre es un placer recorrer las salas de este museo, pero con tus textos, tan bien escritos y documentados, mucho más

Sira Gadea Solascasas dijo...

enrique, yo creo que no se puede coger la parte por el todo. Es cierto que ha habido desmanes inimaginables en arquitectura, al hilo del nefasto boom del ladrillo, pero no podría concebir un mundo sin edificios contemporáneos, muchos de ellos auténticas obras de arte, y no me estoy refiriendo solo a los señeros, los conocidos por todos, sino muchas y muchas dignísimas obras, proyectos modestos que se acoplan de tal manera a su uso al tiempo que inundan de belleza que son muy capaces de emocionarme. De todos modos, yo creo que es el arte que menos libertad deja al artista, pues al precisar de tan fuerte inversión para su consecución, está plagada de "intromisiones" que muchas veces desvirtúan la obra.

Sira Gadea Solascasas dijo...

Muchas gracias, Juan Carlos, por estar siempre ahí, animándome y apoyándome en mi trabajo. Un gran abrazo.

enrique dijo...

Pero la arquitectura, aunque sea una de las artes liberales, no debe de olvidar nunca la "función" para la que es creado el edificio, sea de viviendas, oficinas o casita para el perro. Y a veces el arquitecto estrella ( o estrellado) toma la función de su edificio como algo secundario y muchas veces se olvidan las máximas de Vitruvio de Venustas, Firmitas et Utilitas.
Ya dijo Ludwig Wittgenstein en el tratado lógico filosófico que "la forma es la posibilidad de la estructura".

Sira Gadea Solascasas dijo...

Efectivamente, enrique, hay arquitectos que lo olvidan; pero es que quizá esos no merecen llamarse así. Otros muchos de trabajo callado o no tanto, lo tienen muy en cuenta. Esos sí son Arquitectos, con mayúsculas. Como en todo, los hay buenos y malos y no por eso tendríamos que demonizar la arquitectura contemporánea ¿no?

enrique dijo...

Estamos completamente de acuerdo.

Sira Gadea Solascasas dijo...

Si es que "discutir" así da gusto, jajajaja...

Maria Belen Diez dijo...

Bravisimo!, estuve en Diciembre.

Sira Gadea dijo...

Muchas gracias, Maria Belen.